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"Al abrir las páginas de esta novela, nos asomamos, lectoras y  lectores, a un sumario administrativo por una conducta inapropiada de Leiva y su recuento escabroso y reflexivo, en primera persona, de dos sucesos sangrientos vinculados a la falta que se le imputa: el asesinato de una mujer en un supermercado y la muerte por calcinación de un joven algunos años atrás, acontecimiento a su vez narrado en La regla de los nueve, la primera novela de Paula Ilabaca. Este vínculo entre novelas, esta relación entre precuela y secuela, amplía el carácter espiral de la obra: además de una investigación dentro de otra y de un crimen dentro de otro, nos encontramos frente a un libro dentro de otro libro (y un posible tercero). 

¿Qué lleva a que la mejor detective de la brigada de homicidios, Amparo Leiva, llamada Leiva, a secas, sea objeto de un sumario? La respuesta, y prometo que este será el único spoiler de mi presentación, dice relación con la siguiente frase de la escritora rumano-alemana Herta Müller: “la recolección es nuestra forma de duelo”. ¿Y qué puede recolectar una detective? ¿Qué objetos? ¿Qué recuerdos? ¿Y cuál es la pérdida, el duelo, que la conduce a esa extraña compulsión?".

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